martes, 14 de abril de 2015

La luz de Miki Roqué

Nací el 8 de julio de 1977, por lo tanto en el horóscopo me corresponde el signo cáncer. Nunca he creído en el horóscopo, ni he seguido, ni siquiera leído por pasatiempo, lo que diariamente el periódico te presagia según los astros. Sin embargo de pequeño, cuando empezamos a oír la palabra cáncer en referencia a la enfermedad creía que al ser del signo cáncer estaba a salvo de padecerla. A medida que iba creciendo comencé a pensar lo contrario, que los que éramos del signo cáncer debíamos tener más posibilidades de enfermar por eso de la similitud. Hoy, afortunadamente, no creo ni una cosa ni la otra.
Miki Roqué (Miguel Roqué Farrero), nació también un 8 de julio pero de 1988. Jugador de las categorías inferiores del Liverpool, con quien llegó a debutar en Champios, Xerez, Cartagena y finalmente del Real Betis Balompié, el 4 de marzo de 2011 le diagnosticaron un tumor maligno en la pelvis.  Hace varios días comencé a leer "La Luz de Miki Roqué" la historia en su lucha contra el cáncer escrita por Juan Manuel López. Me cuesta leerlo, a pesar de la parte positiva que trasladan muchas de las personas que dan su testimonio, cada varias páginas me paro de la emoción. Pensar en un joven de 22 años recibiendo esa cruel noticia, de su lucha ante ese destino, de su lucha como un animal, la lucha de sus padres, su familia, sus amigos... El valor de su lucha hasta el punto de hacer creer a muchos en un milagro, de "no rendirse ante la derrota". El 24 de junio de 2012 falleció a los 23 años.
Pienso en todos esos jugadores que en ocasiones se quejan por sus suplencias, por sus pocos minutos, por sus lesiones y luego pienso en Miki Roqué que no pudo volver a pisar un terreno de juego, no pudo volver a disfrutar de su pasión y en lo injusto de nuestras quejas. Soy consciente de que al final la vida nos arrastra como un torbellino pero ¿por qué esa consciencia no nos hace disfrutar más de nuestra normalidad, de nuestro privilegio de estar bien, de disfrutar de lo cotidiano? Y luego vuelvo a pensar en que muchas veces somos autómatas en nuestra vida diaria. Un segundo más, una hora más, un día más y mañana vuelta a empezar. Eso siempre que nuestra vida siga su curso, sin que se altere por factores externos. Y seguimos la rueda. Y solo despertamos cuando una campana externa toca y nos resquebraja nuestra cotidianidad. Soy de las personas que se intenta trabajar esta dinámica y a pesar de ello me cuesta. Reconozco que en demasiadas ocasiones esa rueda diaria me supera y me hace volver a caer en la rutina. Ahora es la historia de Miki Roqué la que me toca con fuerza y la que me ha hace reflexionar, la que me hace intentar ser mas consciente de la suerte que tenemos cada día que estamos sanos, que nuestras familias y amigos están bien.
Miki Roqué no es ni mas ni menos que cualquier otro enfermo de cáncer, no es ni mas ni menos que cualquier otro joven que haya fallecido a causa de esta cruel enfermedad. Es como el caso de Ramón, otro chico de 25 años con metástasis que compartió con Miki Roqué las mismas ganas de vivir. Vidas como las de Maria o la de Gabriel Guevara, también enfermos de cáncer que pasaron por la vida de Miki. Miki Roqué no es un héroe que no sufrió o no se quejó pero sí es un modelo para todos los que compartieron momentos con él de vivir y hacer vivir cada momento al 100%. A mi me ha llegado su luz, me ha llegado su fuerza, su ejemplo y aunque sea por un minuto o un segundo cada cierto tiempo me ayuda a ser más consciente de mi vida. Del aquí y ahora.
Trabajo con deportistas que quiero que conozcan la historia de Miki Roqué porque creo que les puede ayudar en su camino. Me gustaría que fueran consciente que, por supuesto, se pueden quejar por sus situaciones, por los malos momentos, porque no consigan todo tan rápido como desean, pero lo justo. Nada más que eso. Ellos siguen teniendo la oportunidad ahora, en este momento, que MIki no pudo tener. Me gustaría que estos deportistas la disfrutasen, que se apasionasen con cada momento tanto como Miki Roqué deseaba volver a ser futbolista. 
Allá donde estés GRACIAS MIKI.

Tranquilo que estamos bien.
Hoy estamos bien.
Hoy estoy bien.
Mañana, no sabemos.
Aunque tú tampoco sabes cómo estarás mañana.
Así que estamos iguales en esta danza.
(del libro La luz de Miki Roqué)

jueves, 12 de febrero de 2015

De Antonio Banderas o lo que sería llamarse Anthony Flags

Puede ser que si en lugar de Antonio Banderas su nombre fuese Anthony Flags el discurso  que pronunció el sábado al recoger el Goya de Honor se empezaría a reproducir de manera viral en muchas jornadas, conferencias, seminarios, etc.
Personalmente no he seguido la carrera de Antonio Banderas de cerca por lo que me sorprendió enormemente el contenido de su discurso cercano, humilde, agradecido, emocionante y familiar. Un discurso que habló de la aventura de vivir recordando que debemos seguir sintiendo a aquel niño que fuimos, que somos, porque lo más divertido es jugar.
De que aunque a veces una decisión parezca fruto de la inconsciencia, una misión (una meta) y una determinación clara pueden hacer que el corazón gane la batalla a la razón. A lo que yo añado, que sin volvernos locos pero sin que nos dejemos de volver un poco locos,  tal vez,  de volver a ser niños.
De la vocación como sustantivo esencial de una profesión. De la constancia como clave en ese viaje en busca de nuestra vocación, tanto en el fracaso como en el éxito. De la crisis como estado natural de creación, de crecimiento, de evolución. Del confort y lo estable como somníferos de nuestra propia vida.
La centralidad en el ser y no en el tener. En saber agradecer y reconocer a los que nos ayudan en la creación de ese ser que somos nosotros porque en definitiva todos ellos son parte de nosotros y sin ellos no seriamos los mismos.
Y, para finalizar, la dedicatoria a las personas, o personitas, que suelen sufrir nuestras pasiones y nuestras ausencias pero que en definitiva saben que sin nuestra pasión, nosotros, y ellas, no seríamos los mismos. 


sábado, 31 de enero de 2015

Bienvenido 2015

Supongo que algunos de los gurus bloggers darían por finiquitado el mío ya que mi última entrada fue hace casi ¡tres meses! ¡cómo pasa el tiempo! Algunos otros ya ni siquiera se pasaran por aquí ya que cuando ves que un blog no se actualiza terminas por no insistir en volver a la cita, a mi también me ha pasado. Intentaremos que unos y otros vuelvan por aquí y a ver si los que hoy me leéis me ayudáis en ello. 
No conseguí llegar a desearos un feliz fin de año 2014, ni pude enviaros mis mejores deseos para este 2015 que ya avanza veloz hacia su segunda etapa. Hace poco un amigo me preguntaba hasta que fecha se puede felicitar el nuevo año y la verdad no tengo ni idea pero con los que no haya coincidido ¡feliz 2015!! Ahora nos quedan 11 maravillosos meses por delante en los que uno de mis objetivos será pasar, al menos, una vez al mes por este que he considera mi blog balcón y así nadie me pueda gritar aquella frase que tanto me gustaba de "no se me muera..."
Dejamos atrás un 2014 que en mi caso arrancó sus primeros días con una decisión que siempre podré recordar en esas historias melancólicas que no llevan a nada de "y si hubiera...", que continuó por momentos como una Marathon griega de acontecimientos, que allá por septiembre me presentó nuevos retos y decisiones y que finalizó casi pidiendo la hora pero con un podemos (sin coleta) por bandera. En ese trasiego de quehaceres también hubo momentos para disfrutar, siempre en buena compañía, de la buena música del loco argentino y de aquellos que en su día optaron por dar un pequeño salto mortal, de lecturas enriquecedoras, de la buena mesa en nuestros homenajes de barrio y sobre todo de descubrir como mis princesas crecen a un ritmo que asusta porque, en definitiva, ellas se han convertido en mi espejo.
¿Y en el coaching? ha sido un año con momentos emocionantes, nuevas experiencias, nuevos retos, nuevos deportes, aprendizajes y desaprendizajes, de romper barreras y seguir enfrentándome a mis miedos, de admirar cada día más a las personas que me rodean y a esas nuevas que van apareciendo en el camino, de comprobar como con pasión las cosas salen mejor, que con pasión se disfruta de todo mucho y que además te trae recompensas. También de momento de dudas, de tristezas pasajeras, de fracasos constructivos y de ponerse las pilas. Y así arrancamos este 2015, con las pilas a tope, con ganas de seguir aprendiendo y creciendo. ¡¡¡Vamos a por ello!!!

domingo, 2 de noviembre de 2014

El último impulso

José Juan Agudo (@josejuanagudo ) fue uno de los expertos del curso de coaching deportivo que realicé en Valencia el pasado mes de julio. Concretamente fue el experto que dirigió el módulo de outdoor training para trabajar el coaching de equipos y que resultó una experiencia fantástica. José Juan Agudo, que trabaja con el @GrupoAtman es una de esas personas a las que percibes en los ojos que tiene vida, que lo que te cuenta lo vive, una de esas personas que desprenden coherencia cuando hablan.
Al final de la jornada, a la hora de las valoraciones y los aprendizajes, Jose Juan nos contó la teoría del último impulso que tiene mucho de sentido común y que veréis como probablemente os ha pasado en alguna ocasión. Os contaré esta teoría del impulso final desde el aprendizaje que supuso para mi. 
La teoría del último impulso hace referencia a ese último momento en el que queremos hacer algo y nos entran las dudas, los miedos, los temores, el "no lo voy a hacer", etc. En ese momento hay 3 factores que nos llevan a dar ese último impulso:
  1. Que en el algún momento hemos estado en esa misma situación y la hemos superado: casi todos hemos pasado por situaciones nuevas, retos nuevos, que en algún momento nos han generado dudas pero que al final las hemos superado, las hemos solventado y hemos seguido adelante.
  2. Los motivos que nos han llevado hasta allí: cuando hablamos de motivación nos solemos confundir con las ganas de hacer algo y sin embargo la motivación es la razón, los motivos por los que quieres hacer algo, por lo que te quieres mover, para qué lo que quieres conseguir. Sí esos motivos son tan fuertes como creemos no dejaran que no sigamos adelante, es ahí donde nos debemos apoyar ya que generalmente esa motivación es nuestra principal razón de estar allí.
  3. El peaje que sería no hacerlo: en mi opinión, aunque sin los otros dos factores la teoría estaría incompleta, este es el factor más determinante. El peaje que pagas cuando has llegado hasta el borde, has preparado todo para hacerlo y, finalmente, te das la media vuelta y no te atreves a hacerlo, es terrible en cualquier situación: no atreverte a preguntar en una charla, no salir voluntario en algún ejercicio que te apetece, no responder a una pregunta que crees saber, no presentar una idea que crees buena en tu trabajo, no probar cualquier actividad que te apetece, etc. Tras todo ello el coste que pagas es demoledor. Te da vueltas y vueltas en la cabeza hasta que no vuelves a la misma situación y lo superas.
La imagen de este post es del bosque donde realizamos el outdoor. Tuvimos que realizar diferentes pruebas compitiendo en dos equipos (tengo que reconocer que mi equipo era magnifico) entre las que estaba subir, con una serie de normas, hasta la plataforma que se aprecia en el árbol y saltar desde allí con la sujeción de una cuerda, contando el tiempo hasta que el último integrante del equipo saltase. Las alturas y yo no somos muy amigos pero mirando desde abajo y guiado por la pasión que tenía mi equipo no me generó ninguna duda que podría saltar desde la plataforma...hasta que llegué arriba y vi la altura. En ese momento me entraron todas las dudas y miedos del mundo. Ahí apareció la teoría del último impulso: había estado en otras situaciones así (por ejemplo cuando saltábamos del muro que está en el Tenis de San Sebastián al agua) había ido hasta Valencia para aprender, para salir de mi zona de confort, para descubrir nuevas situaciones y, por último, si no saltaba no iba a poder dejar de pensar en ello durante muchísimo tiempo. Hoy, cuando recuerdo la sensación, todavía me entra un cosquilleo por las piernas pero ahí estuvieron los factores de esta teoría para ayudarme a dar ese último impulso.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Reflexiones de septiembre

Parece que cada septiembre los adultos también arrancamos un nuevo curso adaptándonos al ciclo escolar, momento que aprovechamos para tranquilizar nuestras conciencias y prometernos que nos reiniciamos, que a partir de ahora es el momento de enfrentarnos a nuestros miedos y comenzar a trabajar en pos de esas metas que dibujamos una y otra vez en nuestras cabezas. Algunas personas serán constantes, tenaces, y lograrán llegar o, al menos, actuar y otras en cambio el próximo septiembre volverán hacerse las mismas promesas de todos los años.
Mi vuelta ha sido intensa, dura podría decir, con nuevos retos sobre la mesa, con nuevas ilusiones compartidas con unos cuantos deportistas (cada vez más) pero también con nuevos miedos y dudas, personales y profesionales, a los que enfrentarme. En este sentido me ha ayudado recordar lo que  Javier Iriondo escribía en su libro Un lugar llamado destino"cuando emprendemos nuevos retos que suponen un desafío, éstos nos provocan dudas y miedos que tendremos que afrontar. Y eso nos obliga a crecer. Es dificil sentir ese progreso cuando hacemos siempre lo mismo y no tenemos nuevos retos que nos saquen de nuestra conocida y segura rutina" 
Creo que en alguna ocasión he contado que no fui un estudiante brillante al menos hasta que encontré lo que me gustaba, lo que me apasiona: una mezcla de creer en las personas (a mi manera) , en las empresas / empresarios y en el deporte. Esa mezcla me llevo al mundo de los Recursos Humanos y de ahí al mundo del coaching: mis profesiones, mis pasiones a las que he dedicado prácticamente más de una dedada en formación, aprendizajes, practicas, trabajos pero las, sobre todo, he vivido.  
Desde el año 2010 aproximadamente, llevo trabajando(me) con una filosofía de vida profesional muy ligada al coaching. Creo en ello. E incluso aunque no obtuviera resultados creería en ello, si bien creo que eso no es posible no obtener resultados cuando tu listón eres tú mismo, cuando tu rival eres tu mismo, cuando tu mejor versión está en crecer tu mismo.
Todo esto me está llevando a momentos de gran satisfacción. Hoy, por fin, he podido agradecer a una persona que recomendó mis servicios como coach deportivo sin conocerme. Me ha dado la enhorabuena por el trabajo que hemos hecho en los procesos de coaching con una serie de deportistas. Gracias de nuevo Iñigo. Hoy también he dado un paso en mi carrera profesional dentro de los Recursos Humanos. Solo es una llegada, ahora toca remar, pero ese punto de inicio también tiene su aquel.  Hoy me acuerdo de muchas cosas, de muchas personas.
Hoy reflexiono y me doy cuenta que estamos en septiembre. Un nuevo curso. Nuevas metas. Nuevos miedos que superar. Para mi, esto es vivir.

domingo, 27 de julio de 2014

Experto en Coaching Deportivo-Ciclo 2. Florida Universitaria (Valencia)

San Sebastián, 23.30 de la noche. Agotado pero con las batería muy cargada. Acabo de regresar de una semana intensa de formación (información y práctica) pero sobre todo de un gran aprendizaje personal y profesional. Ha sido una semana exigente personal, física y mentalmente
Ha sido un curso para volver a comprobar que los prejuicios son muy limitantes y que hay algo especial en los deportistas de alto rendimiento  (gran futbolista y mejor persona: Javier Farinos) Para confrontar la base de mis procesos de Coaching. Un curso con transiciones desde la zona de confort a la de aprendizaje y algún paseo por la zona del pánico (subido a un árbol las cosas se ven de manera diferente) Un curso para sentir cómo funcionan los equipos cuando son “COMPLICES” y de querer viajar el mayor tiempo posible en el “tren azul“. Que cada liderazgo tiene su momento pero que el liderazgo autoritario no va conmigo (lo siento Alberto jeje) De descubrir que no soy el único que considera que el libro de Goleman es un poco “ladrillo” (como decía el amigo Pedro) y que la inteligencia emocional se puede explicar de manera mucho más amena. Que, en ocasiones, es bueno ponerse el traje de faena y salir a torear para sentirnos más cercanos de nuestro coachee. Que por muchas herramientas que conozcamos lo importante es saber usarlas y que las personas te pueden mostrar como los mandalas aplicados al Coaching pueden ser una hermosa herramienta (gracias Laura). Y, sobre todo, para confiar en que yo soy mi mejor herramienta como coach.
Gracias por el aprendizaje de los maestros que han aparecido: David Llopis, José Juan Agudo, Manolo Coloma, Joaquín Dosil, Oscar del Río, David Blay, Juan Fernando Bou, Patricia Ramírez y María Ruiz de Oña
Y muchísimas gracias por todo a los alumnos que han demostrado estar preparados: Alberto, Alexia, Aurora, Claudio, David, Diego, Esmeralda, Javier, José, Juan, Laura, Pedro, Noelia y Víctor ¡Qué gran equipo!

Y como hemos visto también en el curso, las vías que hoy en día tenemos para agradecer las cosas y difundir la pasión por lo que sentimos son muy poderosas y aprovecho mi blog para dar este pequeño feedback. 

lunes, 2 de junio de 2014

Vanguardia y riesgo

Con esa firma, "Vanguardia y riesgo", finalizaba ayer la entrevista con Risto Mejido que protagonizó el chef "Dabiz" Muñoz en el programa "Viajando con Chester".
Reconozco que no conocía a David Muñoz hasta que el año pasado le otorgaron a su restaurante Diverxo su tercera estrella Michelin. A partir de ahí le vi en diferentes medios pero sin prestar mucha atención a sus comentarios. Ayer, por casualidad, puse el canal "Cuatro" y nada más oír como hablaba me enganchó. Por logística de casa he tenido que ver la entrevista grabada esta mañana y no puedo más que decir que me ha encantado. 
Las personas que hablan con esa vitalidad, con esa pasión sobre lo que hacen son los verdaderos referentes de la sociedad. Tal vez pensareis que exagero pero David, con sus virtudes y sus defectos, que estoy seguro los tiene, con esa imagen de revolucionario y transgresor (o la que le queremos colgar) derrama cantidades ingentes de sentido común, cordura y coherencia. Toca muchas de las claves que necesitan las personas para lograr desarrollarse personalmente y para lograr sus metas.
Habla de emprendizaje, sin complejos,  (como parece que hay que tener hoy en día por decir que eres emprendedor) habla en plural siendo muy consciente que gestiona un equipo sin el que no podría conseguir sus objetivos, habla de la humildad desde la seguridad en uno mismo (muchos confunden la seguridad en uno mismo con la soberbia) y, sobre todo, me encanta cuando habla de perseverancia y de responsabilidad. Asegura que no conoce a nadie que habiendo perseverado lo suficiente no haya conseguido lo que se ha propuesto (Recordar que la perseverancia, la constancia, es el primer motivo por el que la gente no consigue sus objetivos) Casualidad, David también es runner, lo que tiene ese paralelismo entre la vida y el running. Y habla de responsabilidad personal: "esto de sentarse a llorar por la crisis y los malos tiempos no mola, no nos lleva a ningún sitio, hay que buscar soluciones y la solución empieza por uno mismo" Como añade después, si tú no crees que puedes salir de donde estas y dar el siguiente paso ¿vas a pedirle al de al lado que crea en ti? Eso no funciona. 
Olé tus huevos Dabiz, ya iba siendo hora que alguien también sacará la bandera de la responsabilidad personal. La entrevista ha sido un curso comprimido de muchas de las cosas que necesitamos: pasión, sacrificio, esfuerzo, tenacidad, coherencia, honestidad, liderazgo, humildad... Supongo que muchos, como somos muy de ese rollo, le sacará peros pero para mi "Dabiz" ha sido todo un descubrimiento.  ¡Gracias fenómeno!
P.D: un nuevo reto para este 2014, poder comer un día en Diverxo.